lunes, 16 de julio de 2012

Realidad Paralela

Toca volver a una realidad, tras un tiempo en otra totalmente paralela, donde la mayor preocupación es la felicidad de los demás, la cual conlleva a nuestra propia felicidad, donde una simple mirada sirve para comunicarse, un simple beso que simboliza un reto cumplido te hace sonreir, donde las ojeras no importan porque las pilas se recargan día a día sin saber como ni porque, porque el día más apagado puede llegar a ser el día más feliz, porque no importa el cansancio que llevemos acumulado, lo importante es que cada día debe ser mejor que el anterior....

Un mundo donde las lágrimas apenas aparecen, y si lo hacen tienen fácil solución, un mundo donde la mayor tristeza es un dolor de tripa, un esguince, una marcha no realizada.... Un mundo donde existe afán de superación, un mundo donde si tropiezas con una piedra y te haces daño un poco de agua oxigenada y betadine puede solucionarlo, un mundo donde existe una meta visible, alcanzable y por la que 130 personas luchamos juntos, un mundo donde todos compartimos un mismo camino, una misma misión, es cierto que hay momentos en los que este mundo puede tambalearse por algún pilar, pero para eso están los demás pilares, porque este mundo nunca llegará a derrumbarse porque siempre habrá gente para sostenerle.

Merece la pena vivir una realidad paralela, una realidad que sirve para descubrirte, que sirve para mostrarte que puedes seguir adelante, una realidad que te ayuda en tu caminar, que día a día te muestra que una sonrisa vale más que cualquier otra cosa, que no necesitas grandes fortunas para poder ser feliz, porque la mayor fortuna es la sonrisa de cada uno de los niños, una realidad que te hace abrir los ojos y observar cosas que jamás creiste poder ver, sentir, oir...; una realidad que te pone frente a esas cosas que tanto estrañabas como amistad, complicidad, risas, compartir...

Vivir 15 días en una realidad paralela merece la pena, siempre y cuando esa realidad no se estanque quedandose en un pequeño charco, y llegue a convertirse en un río con un gran caudal que crece y crece sin darte cuenta llegando a colmarse por las lágrimas de tristeza que la proximidad del final de esta realidad provoca.

Lo difícil no es acostumbrarse a esa realidad sino volver a la verdadera realidad que te espera tras las puertas de un autobús, la primera noche se te hace extraño dormir recto y sin cuestas, no sentir que te escurres y vas a acabar en la otra punta de la campa, es raro no levantarse sin apenas ver y tener una cuesta para poder llegar al baño, se echa en falta un besito mañanero de tus pequeños, un "buenos días chicos"....

Pero lo más dificil es ver que las piedras del camino se convierten en muros enormes que apenas tienen cura posible, lo más complejo, es ver que la tristeza de una marcha no realizada se convierte en un problema sin solución posible, que tu mayor fortuna es intentar ser feliz día a día aunque lo único que encuentres son piedras con las que tropezar, que la meta más posible es ser capaz de sonreír al menos tres veces al día, que los pilares se van derrumbando y no hay recambios que mantengan tu mundo en pie, porque tu propio pilar está al borde de desquebrajarse...

Pero merece la pena saber que tras 15 días en una realidad paralela vienes dispuesto a comerte el mundo.

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