Finalmente te pusiste en marcha, decidiste empezar a recorrer kilometros y kilometros que habías atrasado tras el último golpe... escogiste la carretera más solitaria, aquella donde tus ojos debían estar despiertos ya que las curvas eran practicamente toda la carretera.
Mirabas al frente y por los espejos y únicamente veías coches que iban en dirección contraria a la tuya y entonces te planteabas si no te habrías equivocado eligiendo aquel sentido, pero decidiste hacer caso a tu corazón y a tu razón, que por una vez en la vida estaban de acuerdo...
Mientras la velocidad se llevaba los kilómetros perdidos, tu cabeza se adentraba en los pensamientos escondidos bajo todos los escombros de todos esos muros que se habían roto tras ese duro golpe. Y mientras veías pasar a los coches percibías sus velocidades a través del ruido del motor, unos decidían que a pesar de ser un camino peligroso querían correr y lo único que podrías notar de ellos sería esa brisa que la velocidad desprende, otros consideraban que en un camino peligroso se requiere precaución, ya no solo por su vida sino también por la de los demás...; pero no solo te puedes percatar de la velocidad... si te fijas ves coches que deciden adelantar a otros, deciden dejar atrás a otros coches y coger un ritmo diferente, también ves coches que deciden hacer la pirula y coger la dirección opuesta a la que iban, pero mientras observas todo eso tu continuas tu camino, planteandote que tipo de coches serás tu o más bien como que tipo de coche te verán cuando pasas al lado de otro..., pero por una vez no miras atrás intentando ver la cara del conductor que acaba de pasar por tu izquierda, sigues tu camino recorriendo todos esos kilómetros que jamás pensaste poder recuperar y entonces al mirarte en el retrovisor divisas algo que hacia tiempo no divisabas, no logras entender lo que mueve tu interior, pero consideras que estás en el camino adecuado, y sientes seguridad y sin darte cuenta aceleras como si tuvieras prisa por llegar a esa meta y descubrir lo que te depara tras esa larga carretera solitaria..., puede que no haya merecido la pena o puede que si, pero lo que tienes claro es que sea lo que sea es la carretera que decidiste tomar, nadie puede obligarte a sentir que no es la adecuada, nadie puede obligarte o imponerte que la vuelvas a recorrer en el sentido opuesto si no quieres, tu tienes el poder de decidir, porque la última y la única decisión que importa es la tuya...
Y es que la vida es como una carretera solitaria, unas veces veras a todo el mundo que va a en sentido opuesto al tuyo y te plantearás si estás haciendo lo correcto, pero lo importante es no dejarse llevar por la multitud si no por tu interior; verás gente que pase velozmente por tu vida y ni te percatas de que han estado, otros se ocupan de ti y te cuidan pero no te das cuenta de que siempre están ahí aunque acaben pasando de largo, otros deciden abandonarte y buscar algo distinto pues lo que les aportas no es lo que buscan o necesitan, otros deciden volver atrás en su vida para intentar cambiarla, pero no se dan cuenta de que la vida en esto no es como la carretera en la vida se puede cambiar de camino pero no recorrer el camino andado...
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